Cada oportunidad laboral publicada, cada habilidad solicitada por una organización y cada interacción de estudiantes y graduados puede aportar información sobre cómo está evolucionando el mercado laboral.
Para las universidades, esa información tiene un valor que va más allá de la gestión de una bolsa de empleo. Cuando los datos se organizan, analizan y observan en el tiempo, pueden convertirse en una nueva fuente de conocimiento para comprender qué perfiles buscan las organizaciones, qué capacidades ganan relevancia y dónde aparecen nuevas oportunidades para conectar formación y trabajo.
La empleabilidad puede funcionar, así, como un circuito de información que no termina cuando los estudiantes o graduados consiguen una oportunidad. Los datos generados en ese proceso pueden volver a la institución y contribuir a sus decisiones.
¿Qué información puede generar una estrategia de empleabilidad?
Una gestión estructurada permite observar distintas dimensiones del vínculo entre la comunidad universitaria y las organizaciones.
Por un lado, están los datos relacionados con la demanda laboral. Qué áreas profesionales concentran más oportunidades, cuáles empiezan a crecer, qué puestos aparecen con mayor frecuencia, qué habilidades solicitan las organizaciones o qué niveles de seniority predominan.
También es posible analizar la naturaleza de esas oportunidades. No es lo mismo detectar una alta demanda de pasantías y posiciones iniciales que observar un crecimiento de búsquedas para perfiles con experiencia. Esa diferencia aporta contexto para pensar en qué momento de su trayectoria profesional se encuentra el talento que demanda el mercado.
Por otro lado, aparecen los datos de la propia comunidad, que pueden obtenerse respondiendo -entre otras- a las siguientes preguntas:
- ¿En qué oportunidades participan más los estudiantes y graduados?
- ¿Qué búsquedas reciben más postulaciones?
- ¿Qué áreas despiertan mayor interés?
- ¿Dónde existe demanda de las organizaciones pero una participación menor del talento disponible?
La lectura conjunta de estas variables puede revelar coincidencias, pero también brechas que de otra manera serían difíciles de identificar.
Las empresas producen información valiosa
La relación con las organizaciones que contratan talento puede aportar otra capa de conocimiento de mucho valor agregado para una universidad.
Las búsquedas publicadas permiten identificar habilidades técnicas y transversales solicitadas, nuevas denominaciones de puestos, herramientas que comienzan a aparecer como requisito y perfiles profesionales que combinan conocimientos de distintas disciplinas.
A esto puede sumarse la conversación directa con las organizaciones vinculadas a la universidad. Sus necesidades de contratación, las dificultades para encontrar determinados perfiles o las capacidades que consideran más relevantes pueden complementar los datos cuantitativos con información cualitativa.
El resultado es una mirada más completa del mercado laboral real, construida no únicamente a partir de tendencias generales, sino también desde las organizaciones que efectivamente se vinculan con la comunidad universitaria.
Del dato a la decisión
Contar con información no implica automáticamente saber qué hacer con ella. El verdadero valor aparece cuando una universidad puede identificar patrones, seguir su evolución y convertirlos en interrogantes concretos:
- Si determinadas herramientas comienzan a repetirse en las búsquedas de un sector, ¿conviene incorporarlas en algún espacio de formación?
- Si crece la demanda de perfiles que combinan conocimientos técnicos con capacidades de gestión, ¿existe una oportunidad para desarrollar propuestas interdisciplinarias?
- Si una industria demanda perfiles que la comunidad todavía no está generando en cantidad suficiente, ¿podría desarrollarse una capacitación específica?
Estas señales no implican que la universidad deba modificar su propuesta académica siguiendo cada movimiento del mercado. La formación universitaria tiene objetivos mucho más amplios que responder a una vacante puntual. Pero los indicadores laborales sí permiten sumar evidencia a la toma de decisiones.
Los datos pueden orientar la creación o actualización de cursos, tecnicaturas, contenidos, programas de formación complementaria e iniciativas de extensión, además de fortalecer el diálogo entre áreas académicas, empleabilidad y vinculación institucional.
El caso de UTN Buenos Aires
La experiencia de UTN Buenos Aires con Talentia permite observar este potencial en la práctica. Al centralizar la gestión de oportunidades laborales, pasantías y prácticas profesionales, la institución obtiene mayor visibilidad sobre las características de la demanda que llega a su comunidad.
Por ejemplo, el 38,5% de las búsquedas se concentra en Tecnología e IT. Más allá del porcentaje en sí mismo, lo relevante es la posibilidad de detectar qué está demandando el mercado y observar esa información de manera sistemática.
Juan Manuel Balestro, secretario de Cultura y Extensión Universitaria de UTN Buenos Aires, señaló el valor de esa visibilidad para identificar tendencias y realizar ajustes en la oferta académica.
“Esta visibilidad nos permite detectar exactamente dónde ajustar nuestra oferta académica. Si el mercado demanda habilidades específicas, tenemos la información necesaria para volcar esos requerimientos tanto en las carreras de grado como en nuestros cursos y tecnicaturas de Extensión Universitaria. No solo formamos profesionales; nos aseguramos de que su formación sea la respuesta exacta a lo que el mercado necesita hoy”, explicó.
El dato deja entonces de ser solamente un indicador de empleabilidad. Se convierte en un insumo para la gestión universitaria.
Construir un circuito entre formación y mercado
Pensar a la universidad como un Hub de Talento también implica ampliar la manera de entender la empleabilidad.
No se trata solo de acercar oportunidades a estudiantes y graduados. Se trata de construir una relación más dinámica entre universidad, talento y organizaciones, donde cada interacción pueda generar información que ayude a comprender mejor cómo evoluciona el mundo profesional.
La tecnología permite ordenar ese volumen de datos, encontrar patrones y hacerlos visibles. El criterio institucional sigue siendo el que les da sentido.
Cuando ese circuito funciona, el mercado laboral deja de ser solamente el destino al que llegan los graduados. También puede convertirse en una fuente de información que vuelve a la universidad y le ayuda a pensar cómo formar mejor para lo que viene.




