De la inserción laboral a la gestión de trayectorias: el nuevo rol de las universidades
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De la inserción laboral a la gestión de trayectorias: el nuevo rol de las universidades

12 de agosto de 2026


La empleabilidad universitaria abarca mucho más que facilitar el acceso de estudiantes y graduados a una primera oportunidad laboral. Las experiencias que se desarrollan durante la etapa formativa, las prácticas profesionales, las pasantías y el primer empleo forman parte de un mismo recorrido.

Entender cómo se conectan esas instancias abre para las instituciones educativas una posibilidad más amplia: acompañar el desarrollo profesional de su comunidad y, al mismo tiempo, generar información que permita comprender qué sucede con el talento más allá del aula.

En un mercado laboral donde los perfiles, las habilidades demandadas y las formas de trabajar evolucionan constantemente, la inserción laboral sigue siendo fundamental, pero representa solo una parte de un desafío mayor. El nuevo rol de las universidades implica conectar formación y desarrollo profesional desde una mirada más integral.

La empleabilidad deja así de aparecer únicamente al final de la carrera para convertirse en parte del propio recorrido formativo.

La inserción laboral es un punto del recorrido, no el recorrido completo

Conseguir una primera oportunidad laboral es un hito importante, pero la construcción de un perfil profesional comienza mucho antes:

  • Una práctica profesional permite aplicar conocimientos adquiridos en el aula.
  • Una pasantía genera un primer acercamiento a dinámicas y desafíos concretos de una organización.
  • Un proyecto académico puede desarrollar habilidades que luego serán relevantes para una búsqueda.
  • Una primera posición Trainee o Junior abre nuevas instancias de aprendizaje y desarrollo.

Cuando todas estas experiencias se observan de manera aislada, la universidad puede conocer determinados resultados: cuántos estudiantes realizaron una práctica, cuántos participaron de una pasantía o cuántas oportunidades laborales fueron publicadas.

El desafío surge cuando se busca comprender el recorrido completo: las experiencias que atraviesan los estudiantes durante su formación, cómo se vinculan posteriormente con el mercado laboral, qué perfiles encuentran oportunidades y cuáles son las capacidades que están demandando las organizaciones.

Pasar de la inserción laboral a la gestión de trayectorias implica empezar a conectar esos puntos.

Formación y experiencia profesional como partes de un mismo camino

La relación entre educación y trabajo no comienza el día de la graduación. Las prácticas profesionales, las pasantías y las primeras experiencias laborales funcionan como espacios de transición en los que el conocimiento empieza a encontrarse con situaciones concretas del mundo profesional. Integrarlas dentro de una estrategia de empleabilidad permite que dejen de funcionar como instancias independientes y pasen a formar parte de un recorrido más amplio.

Para las universidades, esto implica asumir un papel cada vez más activo en la articulación entre estudiantes, graduados y organizaciones. No se trata de reemplazar la misión académica por una lógica exclusivamente laboral, sino de generar mejores condiciones para que la formación pueda proyectarse hacia el desarrollo profesional.

La universidad puede convertirse así en un espacio que no solo forma talento, sino que también facilita experiencias, genera conexiones y acompaña su evolución.

Mantener el vínculo más allá del aula

Uno de los desafíos de este modelo es evitar que el vínculo entre la institución y el estudiante se debilite una vez finalizada la carrera.

Los graduados representan una parte fundamental de la comunidad universitaria. Conocer cómo evolucionan profesionalmente, qué oportunidades encuentran, en qué sectores se desarrollan o qué nuevas habilidades necesitan permite ampliar la mirada sobre el impacto de la formación.

Mantener esa comunidad conectada también puede generar valor para quienes todavía están estudiando, ya que los recorridos de los graduados aportan información sobre las posibilidades profesionales de una carrera y contribuyen a construir una red en la que estudiantes, profesionales, organizaciones e institución permanecen vinculados.

La empleabilidad empieza entonces a funcionar como un proceso continuo y no como una intervención puntual frente a una búsqueda laboral.

De acompañar trayectorias a poder comprenderlas

Acompañar es una parte del desafío, la otra es poder observar qué está sucediendo, porque cuando la información sobre estudiantes, graduados, organizaciones, oportunidades, postulaciones, prácticas y pasantías se encuentra fragmentada en diferentes sistemas, planillas o procesos, resulta difícil construir una visión integral.

La trazabilidad permite empezar a cambiar esa situación. Contar con información organizada sobre las distintas instancias del recorrido profesional ayuda a comprender cómo se comporta la comunidad de talento y cuál es su relación con el mercado laboral.

Los datos dejan entonces de cumplir una función meramente administrativa y empiezan a aportar conocimiento vinculado a qué perfiles están buscando las organizaciones, qué áreas concentran mayor demanda, qué niveles de experiencia aparecen con más frecuencia o qué habilidades adquieren mayor relevancia.

Estas señales pueden transformarse en información útil para la gestión institucional y aportar una mirada más completa sobre la relación entre la propuesta formativa y el escenario profesional que encuentran estudiantes y graduados.

Cuando los datos del mercado vuelven al aula

La experiencia de la UTN Buenos Aires con Talentia permite observar esta posibilidad en un escenario concreto.

A partir de la información generada dentro de su ecosistema de empleabilidad, la facultad puede analizar la participación de estudiantes y graduados y comprender características de la demanda de las organizaciones. Según los datos compartidos por la institución, por ejemplo, el 38,5% de las búsquedas se concentra en Tecnología e IT y el 55% de la demanda está orientada a perfiles iniciales, Trainee y Junior.

Estos datos no sirven solamente para conocer qué está sucediendo en la bolsa de trabajo. También pueden convertirse en información para comprender la relación entre la formación ofrecida y las necesidades que aparecen en el mercado.

En este sentido, Juan Acevedo Miño sostiene que “Talentia no solo potencia la inserción laboral, sino que también permite a las universidades convertir los datos en información accionable y traducirlos en políticas educativas que impacten en la empleabilidad de sus estudiantes y graduados”.

La perspectiva que aporta el CEO de Talentia introduce una dimensión especialmente relevante del nuevo rol de las universidades en la empleabilidad: la información que surge del mercado laboral puede volver a la institución y contribuir a sus decisiones.

Esto no significa que la demanda empresarial deba determinar automáticamente qué o cómo enseñar. Implica incorporar una fuente adicional de evidencia para comprender qué está sucediendo fuera del aula y evaluar cómo responder desde la formación.

La universidad como articuladora de un ecosistema

Gestionar trayectorias profesionales requiere también superar una lógica fragmentada. Por un lado están los estudiantes y graduados. En el otro extremo, las organizaciones que necesitan incorporar talento. Entre ambos, las instituciones educativas que cuentan con conocimiento sobre la formación y las capacidades de su comunidad.

Cuando esos actores operan de manera aislada, aparecen fricciones: información dispersa, procesos administrativos manuales, oportunidades difíciles de visibilizar y datos que no vuelven a la institución. Frente a esta fragmentación, un modelo de ecosistema permite integrar a los distintos actores y procesos dentro de un mismo entorno, facilitando una gestión más conectada de la empleabilidad.

En Talentia, esta lógica se traduce en un entorno que permite a las universidades gestionar de manera centralizada su comunidad de talento, vincular estudiantes y graduados con organizaciones, validar perfiles académicos, administrar prácticas y pasantías y acceder a métricas sobre la dinámica de la empleabilidad.

Un escenario en el que la tecnología funciona como infraestructura para que las conexiones puedan mantenerse en el tiempo y la universidad tenga mayor visibilidad sobre lo que ocurre dentro de su comunidad.

El cambio es significativo: la institución deja de actuar únicamente como intermediaria ante una oportunidad puntual y fortalece su capacidad de convertirse en un nodo articulador entre formación y desarrollo profesional.

Una empleabilidad que empieza antes de la graduación y continúa después

Pensar la empleabilidad como trayectoria modifica también la manera de medir el impacto. Ya no alcanza únicamente con saber cuántas ofertas fueron publicadas o cuántos estudiantes consiguieron empleo. Comienzan a cobrar relevancia otras dimensiones: las experiencias profesionales durante la formación, las habilidades que demanda el mercado, la evolución de los graduados, la relación sostenida con las organizaciones y la capacidad de transformar toda esa información en mejores decisiones.

En ese camino, la tecnología puede ayudar a conectar elementos que suelen encontrarse dispersos. Pero el cambio más profundo no es tecnológico, sino conceptual. Supone entender que preparar a una persona para su futuro profesional no comienza cuando busca su primer empleo ni termina cuando lo consigue.

La empleabilidad puede formar parte de todo el recorrido: desde las primeras experiencias durante la carrera hasta las oportunidades que aparecen después de la graduación. Ese es uno de los grandes desafíos y, al mismo tiempo, una de las grandes oportunidades del nuevo rol de las universidades en la empleabilidad.

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